En un escenario donde la moda ya no solo se mide por tendencias, sino por propósito, Alejandra Priale ha logrado construir una marca que conecta con ambos mundos. Con Aguaviva, su propuesta va más allá del swimwear para convertirse en una expresión de identidad, estilo y conciencia.
Lo que comenzó como una inquietud creativa a los 23 años —la de diseñar bikinis que realmente se sintieran bien— fue tomando forma hasta consolidarse en una marca con una estética clara: piezas pensadas para adaptarse al cuerpo con naturalidad, pero también para destacar por su diseño. En Aguaviva, el fit no es solo técnico, es parte de la experiencia.
Con el tiempo, esa mirada evolucionó. La marca empezó a construir un discurso más amplio, donde la moda dialoga con la naturaleza y el entorno. El propio nombre, Aguaviva, remite a ese vínculo esencial con la tierra, entendida no solo como inspiración, sino como origen y responsabilidad.
Bajo esa lógica, cada colección propone algo más que prendas: plantea una forma de vestir que conecta con una nueva sensibilidad, donde lo estético y lo consciente no se contraponen, sino que conviven. Una propuesta que entiende el ritmo del verano limeño —entre ciudad y playa—, pero también el momento cultural que atraviesa la industria.
Hoy, Aguaviva se posiciona como una de las marcas que mejor interpreta a una nueva generación: mujeres que buscan sentirse bien, verse bien y, al mismo tiempo, consumir con intención.
Porque en el universo de Alejandra Priale, el diseño no es solo una forma de crear. Es una forma de entender el mundo.












