Por el Dr. Ariel Domeniconi, especialista en medicina estética y regenerativa
Sudamérica no solo consume belleza: la exporta al mundo. Nuestra región respira estética en su forma de vivir, de cuidarse y de expresarse. No es casualidad que muchas de las tendencias que hoy lideran la escena global hayan nacido aquí, impulsadas por climas extremos, identidades culturales fuertes y una relación íntima con la piel y el cuerpo y una relación profundamente consciente con la imagen.
Desde el icónico Brazilian Butt Lift —el famoso “bum bum brasileño”— hasta la armonización facial o full face latino, los tratamientos creados en la región no solo conquistaron otros continentes: llegaron para quedarse. En Sudamérica, la belleza no se copia ni se uniforma; se adapta, se personaliza y se vive como una expresión cultural.
En un continente atravesado por el sol, la humedad, el viento y la diversidad geográfica, el clima se vuelve un factor decisivo que influye en los hábitos, los cuidados y las elecciones estéticas. Porque aquí la belleza no responde a una única fórmula, sino a ciudades con carácter propio que hoy marcan el pulso de la estética regional —y global—.
Lima: piel, luminosidad y sutileza
Ciudad de brumas constantes y sol intermitente, Lima plantea un desafío particular para la medicina estética. Su clima húmedo, la polución urbana y la alta radiación UV impactan directamente en la piel, favoreciendo la pérdida de luminosidad, los poros dilatados y la tendencia a la hiperpigmentación. Este escenario ha orientado a los especialistas a priorizar tratamientos que fortalezcan la barrera cutánea, regeneren e hidraten.
En la capital peruana, la medicina estética ha evolucionado hacia la discreción. Los protocolos buscan resaltar la frescura natural del rostro más que transformarlo: skinboosters para hidratación profunda, bioestimulación para mejorar la calidad de la piel y estrategias específicas para prevenir las arrugas de expresión.
Culturalmente, Lima valora la estética que pasa desapercibida, consciente y respetuosa de la identidad individual. La discreción se convierte en un sello propio de sofisticación: no se trata de impactar con volumen o correcciones dramáticas, sino de acompañar el paso del tiempo y preservando naturalidad. Así es como los limeños entienden la belleza, dejando atrás los excesos de volumen y rostros
estandarizados.
Buenos Aires: expresividad y estructura
Buenos Aires, con sus cuatro estaciones y su vibrante vida social, construye un escenario estético singular. Una ciudad que, sin lugar a dudas, se distingue por su intensa vida nocturna, sus climas diversos y una herencia cultural marcada por fototipos cutáneos claros, lo que tiene un impacto directo en la forma en que la piel envejece. La alta irradiación solar, especialmente durante los meses de verano, se traduce en un envejecimiento cutáneo más visible y temprano. A ello se suman la pérdida de volumen estructural, la flacidez y la aparición prematura de arrugas profundas.
El enfoque médico porteño se centra en preservar y acompañar el envejecimiento a través de la prevención: medicina estética regenerativa, láseres ablativos, neuromoduladores para el tratamiento de líneas de expresión y corrección de volúmenes para el reposicionamiento de los tejidos, conocida como lifting líquido con ácido hialurónico o armonización facial.
En Buenos Aires, la estética refleja un equilibrio entre lo funcional y lo social: se valora una belleza visible, pero nunca artificial. Una ciudad que ha evolucionado hacia lo natural, dejando atrás las intervenciones exageradas de los años ‘90 y apostando por una belleza moderna, refinada y con menor huella estética visible. Menos es más.
Bogotá: altura, oxigenación y vascularización
Bogotá, situada a casi 2.600 metros sobre el nivel del mar, plantea desafíos estéticos únicos en la región. La altura y la menor oxigenación del aire influyen directamente en un envejecimiento anticipado y en la visibilidad de alteraciones vasculares, mientras que el clima frío-templado puede resecar la piel y marcar los contornos del rostro con mayor rapidez. Una crema hidratante y un potente protector solar, son infalibles.
En esta ciudad, la medicina estética combina tratamientos funcionales y preventivos: técnicas para mejorar la circulación cutánea, y estratégicas para minimizar líneas de expresión y procedimientos que estimulan la regeneración de la piel. Los productos utilizados son reabsorbibles, con alta tolerancia, y adaptados a las necesidades de los pacientes.
Culturalmente, Colombia ha construido una relación muy particular con la medicina estética: la ve como una herramienta de autocuidado y empoderamiento valorando la discreción y la armonía. Los pacientes buscan resultados que corrijan sin exagerar, que respeten la identidad facial y que reflejan un cuidado consciente y sostenible.
Río de Janeiro: sol, humedad y cuerpo
Río de Janeiro, con su clima tropical y su constante exposición solar durante todo el año, combinan el desafío del cuidado de la piel y de la importancia cultural del cuerpo. La humedad elevada y el calor permanente hacen que los tratamientos se enfoquen tanto en lo facial como en lo corporal para mejorar textura, firmeza y luminosidad.
Los cariocas optan por tratamientos y protocolos integrales que abarcan desde el rejuvenecimiento cutáneo hasta cuidados corporales específicos, como drenajes linfáticos, masajes reductores y modeladores orientados a combatir la flacidez y mejorar la tonicidad.
La cultura local valora la estética integral y la visibilidad del bienestar, que ya forman parte de su ADN. Lo que distingue a Río de Janeiro es su diversidad, y en este contexto la medicina estética se adapta a cada persona, ofreciendo protocolos personalizados que no buscan imponer estereotipos, sino realzar la belleza propia de manera respetuosa y consciente. Como lo decía la top model Gisele Bündchen: “O que mais me encanta no Brasil é a diversidade de seu povo.”
Santiago de Chile: clima seco y prevención avanzada
Santiago, con su clima seco, cambios térmicos marcados y niveles considerables de contaminación, presenta un panorama estético particular. La piel tiende a deshidratarse, el fotoenvejecimiento se acelera y los signos de fatiga facial son más visibles, lo que exige una medicina estética orientada a la regeneración celular y a la prevención.
Los tratamientos más exitosos, según especialistas santiaguinos son los que combinan hidratación profunda (skinbooster), bioestimulación (inductores de colágeno) y protección solar. La meta es conservar una piel saludable y no simplemente corregir líneas de expresión o volúmenes perdidos. Los protocolos de mayor rentabilidad son los que se adaptan no solo al clima seco, sino también al estilo de vida urbano, garantizando resultados más duraderos y naturales.
Santiago también apuesta a una estética sutil y consciente, reflejo de un equilibrio entre prevención, ciencia y autocuidado personal, consolidándose sin lugar a dudas en una de las más destacadas del sector.











