La fotografía extrae un instante del tiempo, y altera la vida al mantenerla inmóvil. Es así como Alexander Pérez-Flores, ha logrado perennizar la esencia peruana través de su lente. Desde su mirada, el Perú se revela con una sensibilidad que combina técnica, emoción e identidad. A su corta edad, el fotógrafo ya ha colaborado con artistas y modelos tanto locales como internacionales, llevando su visión a ciudades como París, Londres, Los Ángeles y Nueva York.
Su estilo no se limita a capturar instantes, sino que documenta historias, atmósferas y territorios con una profundidad que trasciende la imagen.
En esta serie, Alexander presenta cuatro postales que recorren la costa y la sierra peruana, cada una con un lenguaje visual propio.
Se siente la alegría de los niños jugando en el mar de la Costa Verde. La luz del mediodía golpea el agua, mientras se ve el muelle de fondo, casi como un recuerdo suspendido. Alexander captura la espontaneidad de la niñez y la esencia veraniega limeña: movimiento, sal, sol y un mar que no tiene fin.
Una mirada cálida y nostálgica hacia la altura. Los tonos amarillos, mostaza y tierra dominan el panorama, envolviendo los campos en una atmósfera suave y contemplativa. La luz juega un papel central: ilumina, recorta, abraza. Son imágenes que no solo muestran paisajes, sino que revelan ritmo, silencio y la serenidad que distingue a la sierra peruana.
Con esta serie, Alexander Pérez-Flores reafirma su capacidad para mirar el Perú desde un lugar íntimo, y a la vez universal. Cada fotografía es testimonio de su sensibilidad, de su dominio de la luz y de su habilidad para narrar historias que se sienten, se escuchan y se recuerdan.











