Expandir los límites de la fotografía y transformar la contemplación del paisaje en un acto de conciencia. Esa es la premisa detrás de La naturaleza de las cosas, la más reciente exposición de Marina García Burgos, fotógrafa y artista visual que invita a mirar —y sentir— el territorio desde una perspectiva crítica y poética.

La muestra propone una mirada renovada sobre los paisajes de la Amazonía y del Perú. Más que documentar, su obra fragmenta y superpone imágenes para abrir un campo visual donde arte, memoria y medioambiente se entrelazan. Cada pieza se convierte en una reflexión sobre la relación —a veces frágil, a veces violenta— entre el ser humano y su entorno.
Su trabajo nace precisamente de su vínculo con la Amazonía peruana, donde la artista ha convivido con comunidades indígenas y recogido historias que alimentan su lenguaje visual. De estas experiencias surge una crítica profunda frente a la devastación causada por la tala, la minería ilegal y la falta de políticas sostenibles.

El uso de materiales reciclados o efímeros —como madera, espejo, aluminio o fibras naturales— añade una dimensión experimental a su obra. “Cada prueba es un hallazgo; cada acierto revela un paisaje que desborda los límites tradicionales de la fotografía”, explica García Burgos.
Ecos de una tierra viva
En el corazón de la exposición se encuentran sus dípticos, donde una misma imagen se imprime sobre distintos soportes, generando rupturas y reflejos que evocan la fragilidad de los ecosistemas y las huellas del tiempo.
Con esta serie, la artista reafirma su compromiso con una fotografía expandida, que trasciende el papel y adquiere tridimensionalidad. La superficie se convierte en territorio, y el territorio, en memoria.
“La naturaleza es inabarcable, pero sus heridas nos obligan a insistir en nuevas formas de contarla”, afirma la artista.

Más que una muestra visual, La naturaleza de las cosas es una experiencia sensorial y ética que nos invita a reconectar con la tierra, repensar nuestra huella y actuar con mayor empatía ambiental. Porque mirar también es una forma de cuidar.






