Jamaica es la meca de la cultura y filosofía de vida rastafari, cuyo himno musical es el afamado reggae. Esta vibrante isla caribeña cuenta con una historia profunda, cultura única y paisajes naturales que varían desde montañas cubiertas de selva, hasta aguas cristalinas que parecen sacadas de una postal. Para conocerla a fondo, y obviando los acomodados complejos hoteleros todo incluido, una buena opción es recorrerla por carretera. Y aunque manejar aquí tiene su dosis de aventura
dado se conduce por la izquierda, tras superar el desafío, la aventura cobra un sentido más divertido. Con un auto rentado en Montego Bay y una playlist llena de Bob Marley, el trazo de esta ruta incluye las cuatro joyas de la isla: Montego Bay, Ocho Ríos, Port Antonio y Negril. Un recorrido lleno de playas icónicas, cascadas escondidas, ron artesanal y la esencia de la cultura rastafari.
Sobre el alojamiento, Jamaica cuenta con una amplia variedad de opciones siendo Montego Bay y Ocho Ríos, las ciudades con opciones de hoteles más grandes tipo resort, algunos con el sistema todo incluido y otros bajo el concepto boutique.
En Port Antonio, la oferta es más limitada con hoteles más pequeños y otros exclusivos, mientras que Negril ofrece hospedajes más relajados con una infraestructura que armoniza con la línea costera.
Montego Bay, la puerta de entrada
El punto de partida es Montego Bay, la segunda ciudad más grande de Jamaica (la primera es la capital, Kingston) y uno de sus principales destinos turísticos. En su aeropuerto internacional Sangster, es donde se suelen recoger los autos de alquiler. El tráfico en los alrededores urbanos puede ser caótico, y las carreteras, aunque escénicas, a veces presentan baches y curvas inesperadas.
La primera parada en la ciudad es Doctor’s Cave Beach, un club de playa con aguas cristalinas que dan la mejor bienvenida con ese tono turquesa perfecto para nadar y relajarnos. Por la tarde el plan ideal es visitar la Rose Hall Great House, una mansión colonial envuelta en historias de fantasmas y leyendas de la esclavitud. Para un primer acercamiento a la cultura rastafari, la recomendación es el Rastafari Indigenous Village, donde se aprende sobre esta filosofía de vida que promueve la paz, la conexión con la naturaleza y la espiritualidad. Si se desea probar la gastronomía local, en el restaurante Scotchies es posible probar el famoso jerk chicken, un pollo marinado con especias y cocinado a fuego lento sobre madera de pimento.
La carretera panorámica de la costa norte, North Coast Highway, ofrece vistas impresionantes del mar Caribe y es la que conecta con otra de las joyas jamaiquinas, la conocida Ocho Ríos. La distancia entre ambas ciudades es de 100 km., un trayecto de 1 hora 45 minutos, pero hay paradas recomendadas en el camino como el pueblo colonial de Falmouth, cuya historia involucra piratas y plantaciones de azúcar, y las Green Grotto Caves, unas cuevas subterráneas que sirvieron como refugio para esclavos fugitivos.
Ocho Ríos, capital de la aventura
La principal atracción en Ochos Ríos es sin duda el complejo acuático de Dunn’s River Falls. Las aguas de estas icónicas cascadas discurren entre terrazas, hasta desembocar al mar Caribe. La experiencia es una fascinante combinación de adrenalina y relax. Otros lugares que no se pueden dejar de visitar son el Blue Hole, un conjunto de piscinas naturales escondidas en la selva, menos turísticas y con aguas de un azul hipnótico, y también el Mystic Mountain, un parque de aventuras en la montaña con diversas actividades como descenso en trineo y
alpinismo. Port Antonio, un refugio al natural Siguiendo por la misma carretera de la costa noreste, otros 100 km. nos separan de Port Antonio, uno de los rincones más auténticos y menos explorados de Jamaica. Ideal para parejas o viajeros que buscan un ambiente más tranquilo y disfrutan de caminatas por sus playas de aguas celestes y arena dorada, este refugio natural alberga rincones de ensueño como la Frenchman’s Cove, una de las playas más hermosas del Caribe, donde un río de agua dulce se encuentra con el mar. También está la Blue Lagoon, famosa por sus aguas de tonos cambiantes, donde se dice que Brooke Shields filmó escenas de The Blue Lagoon. Finalmente, Las Reach Falls, unas cascadas menos turísticas rodeadas de una vegetación exuberante. Entre las principales atracciones de Port Antonio está el rafting por el rio Grande, que contrariamente a lo que se imagina uno, es un paseo tranquilo tipo stand up paddle en balsas de bambú a través de la selva tropical. Finalmente, una experiencia culinaria imperdible es la de Boston Bay, considerado el lugar de nacimiento del jerk pork, la versión más intensa y deliciosa del famoso adobo jamaiquino.
Negril, el paraíso del atardecer
Este último tramo, lo traslada a uno desde la costa este hasta la costa oeste de Jamaica. Son casi 250 km. y/o 5 horas aproximadamente de trayecto. En el camino, es posible hacer una parada en Appleton Estate, una de las destilerías de ron más prestigiosas de la isla, donde se aprende sobre el proceso de destilación y se degusta variedades artesanales. Llegando a Negril, el modo playa se intensifica. Seven Mile Beach, como su nombre lo indica, es una playa de 7 km. de extensión, un paraíso de arena blanca y aguas cristalinas, donde el tiempo pareciera ir más lento. Muy cerca se encuentra el Booby Cay Island, un pequeño islote ideal para practicar snorkel. El Rick’s Café es el mejor lugar para ver el atardecer, mientras los locales y turistas se lanzan desde los acantilados en clavados espectaculares. Por la noche, Negril cobra más vida con bares y clubes de reggae en la playa y son el broche de oro perfecto para un viaje inolvidable por la isla.
Bye bye Jamaica
Después de un último baño en el mar, se emprende el camino de regreso a Montego Bay, con tan solo 80 km. o 1 hora y media de camino. Una última parada propicia es en el The Pelican Grill para deleitarse con un desayuno tradicional de Ackee & Saltfish, plato nacional de Jamaica a base de pescado. Manejar en Jamaica es un desafío emocionante, pero también la mejor manera de descubrir sus tesoros escondidos. Entre carreteras serpenteantes, mercados locales y lugares de ensueño, este viaje sostiene con certeza que Jamaica es un destino que se vive con los cinco sentidos y que va más allá del mar y la arena, al sumergirnos en la riqueza cultural y diversidad de la isla.










