En un momento donde la moda busca cada vez más sentido, hay marcas que no solo diseñan prendas, sino que construyen propósito. Polleras de Agustina es una de ellas.
Fundada por Griela Pérez, la marca nace desde una intención personal que rápidamente se transforma en una propuesta con impacto: rescatar, reinterpretar y poner en valor el arte textil peruano. Lo que comenzó como un gesto íntimo —conectar a su hija con sus raíces— hoy es una firma reconocida por su enfoque en la moda sostenible, el trabajo con comunidades artesanas y la preservación de técnicas tradicionales.
Su ADN se construye desde ahí: identidad, cultura y conciencia. Polleras de Agustina trabaja de la mano con artesanos de distintas regiones del Perú, integrando bordados, fibras naturales y procesos manuales que no solo elevan el producto, sino que también generan un impacto social real.
Más que una marca, es un ecosistema. Uno donde la moda se entiende como un puente entre tradición y contemporaneidad.
En esa línea, su última colección propone una nueva lectura del territorio: el litoral peruano. Lejos de quedarse en lo andino —su punto de partida— la marca expande su narrativa hacia el mar, incorporando colores intensos, contrastes vibrantes y referencias a la identidad pesquera.
El resultado es una colección que se siente viva. Tonos que evocan el movimiento del océano, detalles que remiten a redes, embarcaciones y paisajes costeros, y siluetas que mantienen ese balance característico entre lo artesanal y lo actual.
Aquí, la sostenibilidad no es solo un concepto, es parte del proceso creativo. Cada prenda sigue respondiendo a una lógica de slow fashion: producción consciente, materiales nobles y un respeto constante por el origen.
Polleras de Agustina logra así algo poco común: evolucionar sin perder esencia. Llevar su lenguaje a nuevos territorios sin desconectarse de lo que la define.
Más que moda, una forma de contar el Perú. Más que una colección, una explosión de identidad en movimiento.












